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Pirateo

A pesar de lo que pueda parecer el pirateo no es una cosa de este siglo ni siquiera del pasado…

He encontrado en el blog Colgado de las Telecomunicaciones una curiosa historia sobre pirateo que ocurrió en 1876 en Nueva York:

Emma Crapwill, una bella florista de 18 años estaba desesperada, las circunstancias le impedían estar al lado de su amado Honorato Flaviec.
Aprovechando que las dos viviendas de los amantes estaban en la misma manzana, Emma convenció a Honorato para que instalase una línea telegráfica que uniera los dos hogares.
El joven se puso manos a la obra preparando meticulosamente el plan y adquiriendo todo el material necesario para la instalación de la línea.
Tras dos largas noches de clandestinas subidas al tejado, la línea telegráfica se puso en funcionamiento siendo ésta cómplice de los apasionados mensajes de los dos jóvenes.
Pero las idas y venidas por el tejado fueron observadas por John Butter, empleado del Observatorio y vecino de la buhardilla de Honorato.

A los diez días de intercambios de mensajes, John logró hacerse el encontradizo con Emma y le dijo:
“- ¡Qué admirablemente manejais el aparato de aguja Weatstone! Os envidiaría el mejor telegrafista de la Compañia Universal Telegráfica.
- Sin duda juzgais con entero conocimiento de causa-replicó Emma.
- Juzgo por hechos, por pruebas evidentes.
- ¿Presenciais acaso, mis operaciones telegráficas?.
- Debe ser así.
- ¿Y de qué os valeis?-dijo Emma creyendo ya adivinar lo que acontecía.
- El medio es bien sencillo. Ni aún tiene el mérito de la originalidad, porque ésta os pertenece por completo.
- Voy comprendiendo, -añadió la joven- sois muy sagaz, pero deseo y si es preciso exijo que me digais cuáles son vuestros propósitos.
- Nada absolutamente que pueda perjudicaros.
- Os digo que hableis, que os expliqueis.
- Debeis comprender-dijo John con cierto tono-que teniendo participación en vuestra misteriosa correspondencia, no es mucho que anhele tenerla también en vuestro amor…”.
Emma, le volvió la espalda rápidamente y el despechado John, empezó a maquinar su venganza.

Ésta vino en forma de denuncia a las autoridades que acabó en juicio.
La sentencia del juicio fué la condena a Emma Crapwill y Honorato Flaviec a 50 dólares de multa a cada uno por el establecimiento y uso de un telégrafo sin permiso previo.
Y a John Butter a 100 dólares de multa, por ser cómplice y haber montado una estación intermedia en el telégrafo clandestino.

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2 Comentarios

  1. Oratio dice:

    buenisimo, me alegro por lo ocurrido al vecino espia.
    y muy chulo el blog ese

    29 Septiembre 2006 @ 11:56 am

  2. Muxfin dice:

    Gracias por la referencia y vuestros comentarios.

    29 Septiembre 2006 @ 2:14 pm

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